
Me hice cargo de la Congregación del Carmen de Carabanchel en 1986, en medio de una grave crisis, con un centenar de miembros y saldo deficitario. De hecho se había lanzado un SOS para detener aquélla sangría que amenazaba seriamente con la extinción de una institución con 300 años de historia. Formé una directiva renovada aunando experiencia y juventud. Pronto comenzamos a abrir sendas por donde luego transitaron las restantes hermandades parroquiales. Actividades nuevas, conciertos en la plaza de la iglesia y en su interior. Reiteradas visitas del Nuncio de Su Santidad, cardenales, arzobispos y obispos; alcaldes y concejales. Ofrendas de flores multitudinarias tanto en las fiestas como fuera de ellas. Comidas de hermandad, peregrinaciones a diferentes santuarios de la geografía nacional, viajes de hermanamiento por España y Europa… Se crea la Medalla de Honor con la que distinguíamos a las autoridades que nos recibían en nuestros viajes. Se logra el Alto Patrocinio de S.M. El Rey, como Hermano Mayor Honorario y se dinamiza a una institución antes aletargada procediéndose a la informatización de miembros y cuotas.
Pronto alcanzamos los 400 congregantes, después los 500, los 600… Se reformó el Reglamento General, se aprobó el de Organización y Funcionamiento, de nueva creación. Se impulsó la vertiente penitencial de la Congregación diseñando los nuevos trajes de penitente así como el propio escudo institucional. Se restauraron tanto la imagen de la Virgen y el Niño como la carroza procesional. Se adquirieron, engrandeciendo el patrimonio de la Congregación, un Estandarte, una bandera y un guión que se portaban en los desfiles procesionales. Pasamos a integrarnos en el Consejo de Cofradías del Arzobispado de Madrid y a formar parte del programa de actos del Ayuntamiento tanto en las fiestas del Carmen como en Semana Santa. Los medios de comunicación comenzaban a tenernos en cuenta lo que propició un notable aumento de devotos en las salidas procesionales. Las cuentas se sanearon en el primer año con la venta de llaveros, estampas, postales, capillas, pins, etc.

La labor de investigación propició conocer nuevos datos del pasado de la Congregación y de su relación con el antiguo pueblo de Carabanchel, llegando a localizar las primeras Constituciones fechadas en 1715.
De acuerdo a la tradición mariana de Carabanchel se impulsaron los trabajos de restauración de la ermita del cementerio parroquial, a donde acudía a orar San Isidro, mudéjar, en avanzado estado de abandono. Se descubrió el Pozo del Santo en el interior de la ermita y hasta allí se organizaron las Romería de La Antigua, en los meses de mayo, que trataban de poner en valor una mantenida tradición mariana y motivar a las autoridades para la urgente restauración de la ermita. Ambas cosas se consiguieron unos años después.
En 1999 la Congregación, tras salvar toda clase de obstáculos, logra que el Cardenal de Madrid autorice y firme el Decreto de Coronación Canónica de la Patrona de Carabanchel. El 16 de julio de quél año se lleva a cabo en una ceremonia nunca antes vista, celebrada en la plaza del ayuntamiento. Más de sesenta sacerdotes concelebraron la Eucaristía junto a varios obispo auxiliares, el cardenal de Madrid y el Nuncio de Su Santidad en España, que al término del acto leyó un mensaje especialmente escrito para la ocasión por el Papa Juan Pablo II.
Era el cénit de nuestra gestión pero no el final. Hasta 2012 continuamos con una ingente labor. Publicamos un libro recogiendo la historia pasada y presente de la Congregación, editamos un boletín informativo, colaboramos en el V Centenario Parroquial, diseñando incluso su logotipo. Nos volcamos en la ayuda a los más necesitados a través de Cáritas parroquial o emprendiendo iniciativas propias como la que nos llevó a entregar al cardenal Angel Suquía más de un millón de las antiguas pesetas, recaudadas a través de cientos de pequeños donativos. Apadrinamos niños en Latinoamérica y nos unimos a entidades y ONG’s colaborando en diferentes causas.

Pues bien, llegado julio de 2012, la situación creada tras los continuos enfrentamiento con la autoridad parroquial hicieron imposible nuestra continuidad y tras las fiestas del Carmen presentamos la dimisión, momentos antes de que fuéramos cesados e incluso amenazados con la excomunión si no reconducíamos nuestros pasos y los orientábamos hacia la reconciliación parroquial. Así es la iglesia y así sus autoridades. Siempre nos quedará la recompensa del trabajo bien hecho y de esas lágrimas que derramaban tantos y tantos fieles que se acercaban a orar devotamente ante la Virgen y se emocionaban con nuestras actividades.
Tanta actividad molestó a quien a diferencia de nosotros sí tenían obligación de tenerla y se sintieron empequeñecidos. Tristemente la Iglesia no sólo es lo que predica, también es lo que hace y su distanciamiento con la sociedad la está llevando a la irrelevancia.