
No se trata de polemizar ni de tomar partido sobre la forma de entender la tauromaquia de cada uno; es cierto que a lo largo de la historia la rivalidad entre toreros ha sido el denominador común de la fiesta, propiciando legiones de seguidores de unos frente a otros. Pero mi artículo de hoy va mucho más allá. Sin entrar en conceptos ni personalidades, ni siquiera en gustos estéticos o artísticos, pretendo elevar la tauromaquia a un nivel social donde, como veremos, también el clasismo toma carta de naturaleza.
Es verdad que cada cual organiza su vida como quiere y como puede. Lo mismo ocurre con el oficio y su trayectoria. Por un lado vemos el arte eterno de José Tomas con un enfoque elitista y por otro el de un Morante reencontrado que apuesta por lo popular sin dejar de ser por ello excelso.

Al hilo de la anunciada reaparición de José Tomas en Jaén, el próximo mes de junio, a uno le asaltan varias cuestiones. La primera de ellas sería desentrañar si una persona que trabaja un día cada tres años puede llamarse profesional de su oficio porque a usted y a mí, gustos aparte, le exigen, sea autónomo o asalariado, el cumplimiento de unos mínimos y no creo que nos permitieran presentarnos un día sí y tres años no. Frente a ello surge un Morante de la Puebla que ya en la temporada pasada se alzó a la cima del escalafón haciendo el paseíllo en 80 ocasiones y que en este 2021 tiene firmadas ya un centenar de corridas. Tan sólo por ello, al margen de resultados, Morante es un profesional de los pies a la cabeza.

Pero aún hay más; el concepto elitista de José Tomás, anunciándose cuando quiere y donde quiere, con divisas y compañeros elegidos a mayor gloria del protagonista, sin televisión de por medio, se opone frontalmente al concepto morantista de rivalizar con sus compañeros tanto en plazas de primera como en la de los pueblos pequeños, en un intento de popularizar lo sublime y hacerse visible ante todos los públicos, sin imponer peajes para su contratación. El concepto popular de la asequibilidad frente al elitista de los privilegios.


Cada cual tomará partido y defenderá su causa y a su torero, pero los hechos son irrefutables. La fiesta hoy necesita de más Morantes para sobrevivir, a pesar de que los tomasistas sean legión y el mundo taurino y no taurino se paralice con su reaparición, tres años después y adquiera características de auténtico acontecimiento. Yo que he tenido la suerte de asistir a numerosos festejos de ambos, entre ellos Nimes y Granada, quizá los más sonados triunfos de José Tomas y Lisboa, Aranjuez y Arenas de San pedro, donde Morante se ofreció en estado puro, puedo hablar con conocimiento de causa y desapasionadamente. Ambos son sublimes no siendo comparables. Ambos suponen el mayor activo con que cuenta hoy en día la tauromaquia y ambos cuentan con el respaldo necesario para llenar las plazas. Sin embargo, al César lo que es del César y por profesionalidad gana de largo Morante de la Puebla. Creo que ya están tardando los vociferante de la España vaciada en otorgarle un premio a su trayectoria. Nadie como él, en estos tiempos difíciles, está tirando del carro tanto en la Maestranza cono en Añover de Tajo, vistiéndose de torero en las Ventas y en Ricla. Eso es cultura popular y no olvidemos que los toros surgen y se consolidan en torno al pueblo.
Siendo admirador del toreo de los dos, renuncio a acudir a Jaén como disconformidad por los planteamientos de José Tomas. Hoy más que nunca es necesaria la difusión y la constancia por el bien de la fiesta aunque sea a costa de los beneficios personales. Es inimaginable el bien que podría hacer este torero si decidiera emular al resto de compañeros llevando una temporada normal y completa y anunciándose, de vez en cuando, en corridas televisadas. Entre tanto, no seré yo quien le baile el agua porque si esto se acaba vendrán las lamentaciones y buscaremos culpables y entre ellos aparecerá, en lugar destacado el nombre de José Tomas. Es hora de prevenir y de actuar en consecuencia.
