100 años de su nacimiento: FRAGA EN ESENCIA a través de su discurso en la entrega del Premio AESFORP

Entrega del Premio ARSFORP a una trayectoria de servicio público ejemplar

Se cumplen 10O años del nacimiento de Manuel Fraga. Con este motivo quiero rescatar un escrito sobre su persona de mis tiempos como presidente de la Asociación de Estudios y Formación Política, de Madrid.

Que a Manuel Fraga le cabía el estado en la cabeza, es una afirmación que no por repetida cobra menos realismo. De todos es conocida su enorme capacidad y sus innatas cualidades como servidor público. Se trata, sin duda, de esos personajes que aparecen en la escena cada cierto tiempo dejando tras de sí una huella imperecedera.
Voy a referirme al pensamiento “Fraguista” a través de su discurso en el acto de entrega del Premio a una trayectoria de servicio público ejemplar en el que actué como anfitrión, como presidente de la Asociación de Estudios y Formación Política, de Madrid, en septiembre de 1998.

Es evidente que para nosotros, entonces, una modesta asociación recién creada, supuso un acontecimiento de gran trascendencia pero más nos llenó de orgullo conocer –por boca del propio homenajeado-, que para él, después de tantos reconocimientos, éste era uno de los más apreciados por vincularse a una trayectoria donde, en su opinión, ha prevalecido una continuidad interna debida a unos principios éticos y a un carácter dispuesto a profesar ideas y a defenderlas con honzadez. Sin duda el título del premio consideramos entonces y constatamos ahora, que era el más acertado para homenajear a una figura de la historia como es Don Manuel Fraga Irirbarne.
Suele ser “marca España” considerar a nuestros políticos más en la retirada o en su muerte que mientras los tenemos entre nosotros. Fraga no podía ser una excepción y su trayectoria y su ingente legado es apreciado y reconocido y valorado en su mayor dimensión, con el paso del tiempo.
Resulta especialmente reconfortante dirigir la mirada a él y a otros políticos de la Transición, esa traslación épìca de un régimen personalista a una verdadera democracia y que culminó con nuestra Carta Magna de 1978, que nos hizo grandes en el mundo y que hoy se trata desde diversos sectores del gobierno de acosar y derribar. Y ya sabemos de las sociedades que no aprenden de su historia están abocadas a repetirla.
Ciertamente fue un tiempo con ideales y metas donde las diferentes ideologías lograron coincidir en lo fundamental hasta alumbrar una Constitución que nos hiciera libres y humanos. Y desde luego tuvimos la fortuna de contar con unos “pastores” de gran nivel que supieron anteponer intereses de partido a lo verdaderamente fundamental: la reconciliación nacional basada en la generosidad del olvido.
Tuve la fortuna de mantener una dilatada relación con Fraga

En 1984, contando con poco más de veinte años, el concejal del distrito de Carabanchel me encargó actuar como mantenedor en una cena presidida por Don Manuel. Para mí, joven e inexperto, era un reto que afrontaba con no poca inquietud. Y ciertamente, el acto no me dejó indiferente. Conocí al tiempo las facetas más destacadas de la personalidad de Fraga. De un lado, me quedé casi paralizado cuando con un gesto y una mirada penetrante me conminó a acelerar mi intervención. Al término de la cena, en el momento de los saludos intercambió conmigo unas palabras interesándose por lo que hacía y por como me trataba la vida… Fueron momentos ambos que han quedado grabados en mi memoria. Y es que así era Don Manuel, exigente con quienes trabajaba pero a la vez humano y sensible.

Brindis por Don Manuel Fraga Por Galicia y por España a lo que Fraga respondió emocionado “por España”

Unos años despues, en 1998, más curtido y habiendo coincidido ya con Fraga en numerosas ocasiones, la Asociación que presidía y había ayudado a fundar, aprobó entregarle su premio a “una trayectoria de servicio público ejemplar”.
Viajé a Santiago de Compostela para acordar con su eficacísima Jefa de Gabinete la fecha de entrega. El 8 de septiembre fue el día designado aprovechando un desplazamiento del presidente a Madrid para otros asuntos.

Rápidamente nos pusimos en marcha para tributarle un homenaje a la altura que la ocasión merecía.
Doscientos treinta invitados se dieron cita en uno de esos grandes salones para bodas y celebraciones, hoy en día desaparecido, como todos los de su especie, ante los nuevos rituales que se han impuesto en este tipo de eventos.
Con la lógica espectación y decenas de personas agolpadas a la entrada, hizo su aparición Don Manuel Fraga, acompañado por el Ministro de Sanidad y Consumo José Manuel Romay Beccaría. En el interior aguardaban diputados, secretarios de estado, subsecretarios y concejales junto a un público anónimo que le tributó una sentida ovación.
Y nada más atisbar la mesa presidencial en la que debían tomar asiento junto a él el ministro Romay y los miembros del Consejo de Gobierno de la Asociación convocante, apareció el Fraga impetuoso y de carácter, arrollador, ordenando hacer un hueco para el director de la Casa de Galicia en Madrid, cuya presencia en el acto acababa de conocer.
Inmediatamente se cumplieron sus deseos …
En su discurso tras la entrega del premio, Fraga tuvo palabras de reconocimiento hacia la institución que le galardonaba, como es natural, pero tambien hacia Carabanchel –una aldea en la Relaciones de Felipe II- y hacia el motivo por el que se reconocía su trayectoria: “entiendo que han querido recompensar mi trayectoria de servicio público a lo largo de un dilatado periodo de mi vida, pues soy el decano de los políticos en activo de España lo cual es un honor para mí que me llena de íntima satisfacción y que mucho agradezco”. Y apareció el político instruído y erudito aderezando con citas de Aristóteles y Platon el momento en el que se refería a la razón de ser esencial de la política y a los efectos de ésta en la ciudadanía. “El poder participar en la noble tarea de gobernar, con sus frustaciones y amarguras, es muy digno empeño de la vida y del esfuerzo de todo hombre de bien”.
También asomó el Fraga humorista al indicar que, como Chasterton, el humor consiste en pensar en broma cuando se siente muy en serio, tras mencionar la historia del caballo que pidió más talla y potencia, remos más fuertes y hasta una silla natural y vio aparecer al camello, aludiendo a que cada uno es como es y como tal debe aceptarse.
Y el Fraga sentimental al referirse a los consejos de sus padres, modestos emigrantes, sobre el trabajo organizado y exigente, la vida seria y la lucha por un triunfo que sólo es válido dentro de las reglas morales aceptadas. Al volver la vista atrás, Fraga encuentra que, como ninguna otra sensación, prevalece la honestidad y la coherencia.
Y finalmente, el Fraga con trascendencia histórica cuando llama a levantar la bandera de la ética en el ámbito del servicio público como eje central de la gestión de intereses colectivos, fomentando los valores de la honestidad, lealtad, imparcialidad, transparencia, objetividad, responsabilidad y credibilidad, valores todos ellos que definen su propia figura y trayectoria.

A la llegada al acto intercambiando opiniones con Fraga y el ministro Romay Beccaría

Las palabras finales de aquélla intervención aún hoy me siguen emocionando:
“Con el ánimo que ustedes me infunden con este Premio continuaré hasta el límite de mis fuerzas porque, parafraseando la conocida leyenda de Tagore, yo dormí y soñe que la vida era alegría. Me desperté y vi que la vida era servicio. Serví y comprendí que el servicio era alegría”.
Las razones de vida y estilo que hacen de Manuel Fraga un político irrepetible quedaron expuestas, de manera somera pero brillante en su discurso en Carabanchel. Cuando todos esperábamos una intervención rutinaria Fraga nos agasajó con una pieza elaborada y pensada que dejaba al decubierto muchos de los pensamientos que le han acompañado a lo largo de su vida.
Y como no podía ser de otra manera, vimos la personalidad en estado puro de un hombre de raza; la que apabulla con ideas y mandatos y la del hombre sereno y cabal que se ha hecho acreedor del reconocimiento y del cariño de la mayoría del pueblo español.
Como el abuelo que era, con una natural sensibilidad y cercanía, sonriente, se fotografió con cuantos se lo pidieron, dejando un halo de admiración y respeto.
Fraga, que sintió la llamada de la vocación sacerdotal en la abadía de Samos y que estuvo tentado por la carrera militar eligió finalmente ser Fraga. Fraga con todas sus luces y sombras, con su cordura y vehemencia, un Fraga en definitiva de los grandes servicios al estado y a España.

Fotografía dedicada a la Asociación de Malanquilla

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