
La hostelería, en general, es la niña bonita de los ejercicios profesionales en esta España nuestra, o eso es al menos, lo que parece.
Un sinfín de medidas están orientadas a paliar los estragos de la pandemia en este sector, es verdad, que muy castigado, pero no el único. Es verdad también que España es el país de Europa con más bares y restaurantes lo que conlleva que muchas personas trabajan en el sector, pero ya está bien.
Todos sabemos que el sector no tiene la más mínima consideración con el cliente. Todo lo basan en hacer caja, cuanto más mejor. A usted le han cobrado a precio de terraza su café o su cerveza cuando por Ley no le permitían tomárselo en barra. Es eso justo?. Desde luego que no. Si por causas legales no puede tomarlo dentro deberían haber empatizado con el público manteniendo los precios de barra en la terraza, pero no, su afán recaudatorio resulta insaciable y sangrante.
Por eso mismo, ahora que se debate la continuidad o la clausura de las terrazas COVID, aquéllas que se permitieron para ayudar al sector, parece lógico, una vez superadas las restricciones, que se eliminen y vuelvan al punto en que se encontraban antes de la pandemia.
Pues no quieren, los bares y restaurante se sublevan y claman por la continuidad bajo el argumento del coste que les ha supuesto su instalación y que -dicho sea de paso- han sacado con creces durante estos meses.
Alguna comunidad ha sucumbido a estas críticas y ya ha adelantado su intención de continuar favoreciendo al sector manteniendo estas terrazas que invaden espacios públicos, que limitan el acceso de los pasaeantes por las aceras e impiden el aparcamiento de vehículos.
Esperemos que el Ayuntamiento de Madrid piense en los ciudadanos al tomar una decisión al respecto. Los ruidos de las terrazas, las incomodidades que representan para el vecindario que las sufre no son de recibo. Basta ya de apoyar institucionalmente a un sector que sólo piensa en su propio beneficio.
Todos hemos sufrido de alguna manera los efectos de esta pandemia. Hay desgracias sobrevenidas, como ahora el volcán que no cesa en La Palma, y a muchas personas a las que ayudar desde las administraciones, pero a unos señores que suben descaradamente precios para seguir chupando la sangre del sufrido cliente, NO.
Sr. Martínez Almeida, gran alcalde de Madrid por cierto, sea sensible al conjunto de la ciudadanía y no ceda ante intereses de unos cuantos. De su capacidad y buen juicio no dudamos y esperamos, en este caso también, el acierto que por lo general suele acompañarle.
