Messi llora… lo que no supo (ni quiso) defender

Mucho se habla estos días de Leo Messi tras su adiós al Barcelona y no pocas son las reflexiones que me vienen a la cabeza. Voy a referirme tan sólo a dos que me parecen de capital importancia para entender a los actores de esta escena.

La primera de ellas es de pasmo, tras ver al “astro argentino” llorando a moco tendido en su última comparecencia pública, después de no haber llegado a un acuerdo con el Club para garantizar su continuidad. Y yo me pregunto si no habrá que decirle como a Boabdil tras entregar las llaves de Granada a los Reyes Católicos, llora… lo que no supiste defender… porque a ver, si una rebaja del 50% de su estratosférica ficha no era suficiente para evitar el conflicto con las normas impuestas por la Liga, por qué no se llegó a un 80% -si hubiera sido necesario- que a lo mejor si entraba dentro del orden establecido? Porque a ver, estando podrido de millones y si tantas ganas tenia ahora de quedarse, él sí lo podría haber hecho sin que su fortuna se resquebrajara y tuviera que engrosar las colas del hambre… No se a qué vienen, por lo tanto, esas lágrimas de adolescente despechado. Alabo el discurso del Presidente azulgrana cuando afirma que el Club está por encima de cualquier jugador y no podía hipotecarle ni siquiera para retener al “mejor jugador del mundo”. Un acuerdo es cosa de dos y si por una parte había un impedimento legal es la otra la que debe poner sobre la mesa cifras asumibles sin contravenir las normas.

En segundo lugar creo necesaria una breve reflexión, después de oír tantos cánticos de sirena alabando al jugador, al que muchos no dudan en calificar de “dios” y yo considero un defraudador juzgado y condenado por sentencia firme. Es escandalosa la diferente vara de medir utilizada por la sociedad según se trate de unos personajes u otros. Muchos jugadores de futbol están condenados por defraudar a Hacienda y no pasa nada. Nadie pone en tela de juicio por ello su hacer como deportistas; sin embargo a Plácido Domingo, sin ninguna causa pendiente en ningún juzgado se le cierran las puertas de la mayoría de los teatros del mundo, olvidando su condición de artista universal o al Rey Juan Carlos, por ejemplo, que digo yo que habrá hecho algo más por España que estos señores que pasan su vida dando patadas a un balón, se le juzga y sentencia por el mismo fraude fiscal, sin que tenga causa judicial abierta.

Hemos perdido la mesura y vamos camino de perder también el sentido común, o al menos lo que por éste se entiende y es aceptado por la mayoría de la sociedad. Mal servicio nos estamos haciendo como país si no procuramos la objetividad colectiva y caemos en acusaciones de taberna, donde en no pocos casos, se entremezclan otras cuestiones ajenas.

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