
Hace unos días publiqué un post sobre la indignación que me produce el abuso y el descaro del gremio hostelero hacia sus conciudadanos, los mismos a los que durante el confinamiento pedían que les pagáramos por adelantado futuras consumiciones para poder salir adelante. Hoy, además de indignación me produce impotencia.
Veo lo que veo y me cuesta dar crédito. Es verdad que como todo negocio se rige por la ley de la oferta y la demanda y estamos en agosto.
Como me temía, no hemos aprendido nada de este tiempo de pandemia, como no aprendimos de la pasada crisis económica que tantos estragos causó. El que es un aprovechado lo sigue siendo y el que siempre fue un pillo lo es también ahora. Y claro, entre pillos anda el juego, mientras a usted y a mí nos dicen que pobrecitos los hosteleros y que tenemos que ayudarles. Alojamientos que no reúnen condiciones, como es agosto, y pretenden una vez más, hacer su «agosto» particular, de 40€/noche pasan a 250€/noche sin ningún tipo de rubor. Y eso, sabiendo que el turismo extranjero no viene o no viene, al menos, en las ingentes cantidades que antes lo hacía. Luego, a quien quieren sangrar?, a usted y a mí, los mismos a los que nos pedían ayuda.
Es incomprensible que nadie ponga remedio a esta estafa autorizada. Y no es la única… pensemos en el recibo de la luz , las gasolinas, etc
Más impotencia aún crea comprobar como los propios Paradores del Estado se suman a esta iniciativa y quintuplican, en algunos casos, sus precios.
Me opongo a pagar a estos salvajes insensatos de la hostelería unas cantidades imposibles que establecen con el único fin de seguir agrandando sus huchas, a costa de precarios trabajos y salarios de sus empleados, las más de las veces.
Y lo que aún me produce más impotencia es la idiotez de tantos españolitos dispuestos a bailarles el agua, cuando probablemente tengan que recurrir a préstamos y ahorros para poder salir unos días de vacaciones.
Conmigo que no cuenten. Desprecio estas prácticas y no seré yo quien les premie con mi presencia mientras mantengan unos precios totalmente desproporcionados.
Aún no hemos salido de esta cruel pandemia y ya estamos como en el momento del gran boom inmobiliario que todos veíamos imposible de mantener.
Entre todos van a matar a la «gallina de los huevos de oro» y despues vendrán las lamentaciones. Claro que a mí mucha pena no me va a dar ver cómo caen hoteles y restaurantes sin escrúpulos. Ahhh, se siente…